Invernáculo (Hot House) de Brian W. Aldiss
La gente se toma con demasiada simplicidad el tema del cambio climático, el derretir polos, y todo éso. Quiero decir, que muchos creen que cuando sigan subiendo las temperaturas y nos quedemos a la espera de la próxima glaciación, el mundo se va a acabar.
Y una polla como una olla, diría nuestra madre tierra. Se acabará la humanidad, pero al mundo, le queda mucho, mucho por decir. El poder de la naturaleza radica en su propia capacidad para evolucionar y adaptarse. Decídselo a los dinosaurios (por cierto, la mayoría estaban cubiertos de plumas, y no de escamas, como nos pintan siempre).
Tirad p´alante, hacia el futuro, dentro de chorrocientas glaciaciones. Del ser humano, tal y como hoy lo conocemos, como que queda bién poquito, pero del resto de especies, tal cual. Cuando el sol está a un plis de convertirse un supernova, las especies que quedan en la tierra están en la cumbre de la evolución.
Medio planeta está coronado por un gigantesco arbol de infinitas ramificaciones, el baniano. Sus troncazos atraviesan continentes enteros. Casi toda la superficie del planeta es selva. Pero selva animal. Las plantas han llegado a comportarse como los animales. Comen carne, y luchan salvaje y furiosamente. Y al mar, ni te acerques: las algas, sólo con olerte, salen de golpe como látigos de debajo de las rocas para hacerte trizas y así poder digerirte mejor. La especie “humana” es el último (pero último, último) eslabón del ecosistema.

Los humanos se mueven en jóvenes grupos, y van cayendo a éso de dos o tres por día. Un humano que pase ya la veintena es un viejo que sólo puede hacer que entorpecer el paso de los jóvenes. ¿Objetivo? Sobrevivir. Su aspecto va tirando más a lo que sería un mono verde sin pelo que a un homo sapiens. Y son, a la mayoría de plantas, lo que son a los murciélagos los mosquitos: carne fresca. Vigila, porque si te intentas refugiar en un tronco hueco de árbol, éste se cierra y protagonizarás una digestión de semanas, una muerte que no le deseo a nadie (bueno, a…).
Es la novela con más acción que he leido nunca (vale, tampoco leo tanto). No pasan dos páginas sin que alguien la palme. Pero ésto enfatiza la idea que quiere darnos a entender el autor: esperanza de vida media de unos trece años, si eres un campeón olímpico. Jodidísimo.
En la sinopsis de la solapa del libro, se nos habla de un mundo “cerrado”. Ésto es, en el mundo de la ciencia ficción, un mundo, en el que sus protagonistas no tienen ni idea, ni se preguntan qué ocurrió, cómo era ántes el mundo, y cómo llegó a convertirse éste y ellos mismos en lo que son. Normal, están demasiado ocupados intentando sobrevivir.
Me encantaron los Guatapanzas, esos torpes hombres barrigudos, con un cordón humbilical que los unía a su arbol, con el que vivían en perfecta simbiosis. Y la morilla, el malévolo hongo que se apropiaba de la voluntad de su huesped, ya fuera un arbol o un humanoide. Después de leer sobre las morillas, si notais un día como si se os cagara un pájaro en la cabeza, y al momento ois una voz en vuestra cabeza que os da órdenes, estáis jodidos: ella tiene un plan para cubrirlo todo y controlar la memoria colectiva de todo el planeta.
Sí, una ida de olla. Otra obra maestra. Por favor, no hagan peli.

Pero bueno la peli. Una sarta de paridas dentro del género Space Opera (ópera espacial: buenos, malos, princesas, heroes, wookies, naves, planetas monoclimáticos…) que te pueden hacer reir agusto si tienes menos de media neurona, como cualquier fan de Cruz y Raya o de El Quinto Elemento (huaaaaalaaa quéhijoputa!!!) (¡Cómo se ha pasao con Cruz y Raya!), pero bueno, que te ries. Lo que pasa es que hasta el siguiente “gag improvisado” pues como que la peli aburre, pero bueno, como buén amante del cine de calidad, para eso aprovecho a ver las pelis en el mismo ordena, y arrastro el puntito de la barra de progreso del mediaplayer cuando la cosa se pone bodrio. Aunque ésta vez sólo lo he tenido que hacer dos o tres veces, por aquello de que la peli en sí es otro pedacito de mi absurda infancia.








Película hoy en día chorras donde las haiga (sí, sí, “haiga”, no haya). Es de ésas de tantas otras que viste cuando no hacías cinco palmos y lo flipaste. Luego creces, te la encuentras un día por 5€ en MediaMarkt y te lanzas a recoger ése pedacito tán barato de tu infancia. Con ése pedazo de Magnum de prota, icono gay ochentero que te cagas de Tom Selleck, y dirigida por ni más ni menos que Michael Chrichton (Sí, sí, el escritor de Jurassic Park, Esfera, Rescate en el Tiempo y etecé), autor de otros pastiches fílmicos con más gracia como Almas de Metal, ahí con el faraón calvo haciendo de vaquero terminator… huy me se va la olla. Otro día hablamos de ésta última.






